Volvamos a recordar el niño que todos tenemos dentro

martes, 9 de noviembre de 2010

El juego segun diferentes autores

PSICOPATOLOGIA CLINICA INFANTO JUVENIL
Teorías relacionadas con el juego
Sigmund Freud
Dentro de la literatura psicoanalítica encontramos en Freud por primera vez la descripción e interpretación del juego del niño pequeño. En Más allá del principio de placer describe la actividad lúdica de un niño de 18 meses que acostumbraba arrojar lejos de sí sus juguetes al mismo tiempo que exclamaba con expresión de placer “o-o-o-o”, sonido que podía significar la palabra “fuera” (fort). Repetía “o-o-o-o” y luego tiraba del hilo hasta hacer reaparecer el carretel exclamando alegremente: “Aquí”. La primera parte del juego era repetida con mayor frecuencia, aunque el mayor placer estaba en la segunda parte.
La interpretación que hace Freud se refiere a la renuncia de la satisfacción instintiva en la medida en que el juego le permite al niño no oponer resistencia a la partida de su madre, poniendo en escena en el juego la desaparición y el retorno de los objetos.
Si bien el niño se somete pasivamente a la ausencia de la madre, el juego toma un rol activo al repetir el suceso. Otra interpretación podría ser que se satisface un impulso reprimido de venganza contra la madre por haberse separado del niño.
Freud dice que los niños repiten en sus juegos todo lo que en la vida les ha causado una fuerte impresión descargando de esta manera la energía de la misma.
En primer lugar, el juego sería para Freud una actividad simbólica en la medida en que el niño escenifica la desaparición y el retorno de la madre. En segundo lugar, además del carácter sustitutivo que parece adjudicarle Freud al juego en tanto permite al niño renunciar a una satisfacción instintiva, no oponiendo resistencia a que la madre se ausente. En tercer lugar, Freud describe el mecanismo de identificación con el agresor, al referirse, a los motivos que hacen que un hecho desagradable se transforme en juego.
En síntesis, para Freud el juego es una actividad simbólica, que permite al niño renunciar a una satisfacción instintiva, haciendo activo lo sufrió pasivamente, cumpliendo una función elaborativa al posibilitas la ligazón de las excitaciones recibidas.

Melanie Klein
Extrae conclusiones importantes sobre juego.

A).El juego como lenguaje
En su libro Desarrollo en psicoanálisis, Klein postula que “los elementos emocionales están a menudo fusionados y ligados con sensaciones corporales, no habiendo clivaje entre ambos. El lenguaje es un medio adecuado de expresión cuando trae aparejado un contenido emocional asociado, de lo contrario su función pasa a ser defensiva y oculta una ansiedad específica. En los niños, los pensamientos y fantasías se expresan en el juego. Un niño pequeño entiende mucho más de lo que él mismo puede expresar en palabras.
En Psicoanálisis de niños, M. Klein se detiene más en las características del juego como lenguaje: “El niño expresa sus fantasías, sus deseos y sus experiencias de modo simbólico por medio de juguetes y juegos”. El juego es el mejor medio de expresión del niño.

B).Función del juego: juego como expresión de fantasías, ansiedades y deseos
El juego es un medio de expresión de fantasías. Detrás de toda forma de actividad de juego yace un proceso de descarga de fantasías de masturbación operando en la forma de un continuo impulso a jugar, este proceso, como una compulsión de repetición, constituye el mecanismo fundamental del juego infantil. Las experiencias sexuales del niño están enlazadas con sus fantasías masturbatorias y por medio del juego logra su representación y abreacción.

C).Juego y ansiedad
Los niños más pequeños tratan de vencer en su juego las experiencias desagradables. Por intermedio del juego el niño transforma las experiencias sufridas pasivamente en activas y cambia el dolor en placer, dando a estas experiencias primitivamente dolorosas un final feliz. Es así que se calma a sí mismo y se sobrepone a sentimientos de terror y pérdida mediante un acto simbólico con objetos materiales.
En años posteriores la deambulación es utilizada también por el niño para recuperar sus objetos perdidos tanto como para encontrar en su lugar nuevos objetos, es decir, ayuda al bebé a superar la posición depresiva.
El juego de los niños efectúa la transformación de ansiedad en placer.
En el juego el niño no sólo vence una realidad dolorosa (madre que se va, juego del carretel) sino que también domina sus miedos instintivos y los peligros internos proyectándolos al mundo exterior.
Melanie Klein ilustra muy claramente a través de un juego típico-jugar a la mamá-, cómo el juego, al construir un puente entre fantasía y realidad.

D).Juego y aprendizaje
Si tenemos en cuenta que las funciones intelectuales derivan del inter-juego de los impulsos instintivos primarios, necesitamos, a fin de comprender tanto la fantasía como la prueba de realidad y la inteligencia.
Entrando específicamente en el juego vemos que, ya desde el segundo mes de vida existe un grado considerable de integración en la percepción y la conducta con signos de memoria y anticipación que le permiten al niño a dedicarse cada vez más a juegos experimentales como: a) método para adaptarse a la realidad, y b) medio activo de expresar fantasías (una realización de deseos y una defensa contra el sufrimiento y ansiedad).
La función simbólica primaria de los objetos externos permite la elaboración de la fantasía por el Yo, y permite que las sublimaciones se desarrollen en el juego y manipulación, construyendo un puente entre el mundo interno (estimulando el interés por el mundo exterior) y el conocimiento de objetos físicos y acontecimientos.
El juego de un niño de 3 o 4 meses (de interés placentero por el cuerpo y experimentos en esa dirección) manifiesta, entre otros mecanismos, este proceso de formación de símbolos, ligados a aquellas fantasías que operan en esa época.
Refiriéndose al juego imaginativo y espontáneo de representación, demostró que los mismos crean situaciones practicas que exigen conocimiento del mundo externo.

E). Del juego al pensamiento
El juego espontáneo de representación crea y fomenta también las primeras formas del pensamiento “como sí…”. Esta capacidad para evocar el pasado en el juego imaginativo parece estar estrechamente relacionada con el desarrollo del poder de evocar el futuro en hipótesis constructivas, y desarrollar las consecuencias de los “Si…”

F). El juego como elemento diagnóstico y pronóstico
Al ser el juego un medio de expresión en el niño y susceptible de ser analizado, se deduce su valor como medio de expresión diagnóstica. M. Klein se refiere también al valor pronóstico del juego.
Los intereses del niño en los juegos y las variaciones de la calidad y cantidad que representan, nos permiten medir si su vida sexual en la fase adulta.
La razón que M. Klein da para predecir la vida sexual adulta a través del carácter y desarrollo de las fantasías del juego en los niños se basa en que todos los juegos y sublimaciones están en fantasías de masturbación.

Anna Freud

Incluye el juego de una de las líneas de desarrollo.
Desde el cuerpo hacia los juguetes y desde el juego hacia el trabajo:
1.El juego comienza como una actividad que le produce al niño placer erótico, y que compromete la boca, los dedos, la visión y toda la piel. Se lleva a cabo en el mismo cuerpo del niño (autoerótico) o en el cuerpo de la madre.
2.Las propiedades del cuerpo de la madre y del niño son transferidas hacia alguna sustancia suave como, almohada, juguete de felpa, que sirve como primer objeto de juego y que es cargado con libido narcisista y libido objetal. Según Winnicot, se trataría de un objeto transicional.
3.A partir del apego al objeto transicional, que es un objeto específico, se desarrolla un interés menos discriminado por juguetes suaves, de diferentes tipos, que como objetos simbólicos son catectizados con libido y agresión; así, a veces son acariciados y a veces maltratados.
4.Durante el día estos juguetes suaves van desapareciendo poco a poco, pero continúan ejerciendo una función muy importante a la hora de dormir. Anna Freíd da la siguiente secuencia cronolólgica:
Juguetes para vaciar-llenar, abrir-cerrar, encastrar, revolver, etc. El interés en estas actividades constituye un desplazamiento del interés en los orificios corporales y sus funciones.
Juguetes movibles que satisfacen el placer de la motricidad.
Materiales de construcción que permiten expresas las tendencias ambientales de construir-destruir, propias de la fase sádico-anal.
Juguetes que sirven para la expresión de tendencias y actitudes femeninas y masculinas. Pueden ser usados: 1) en juegos solitarios de roles; 2) en actividades con el objeto edípico que sirven al exhibicionismo fálico; 3) en juegos grupales que sirven para dramatizar situaciones edípicas.
5.La satisfacción directa o desplazada que le niño obtiene del juego va dejando lugar al placer por el producto final de la actividad.
6.Transformación de la capacidad lúdica en capacidad “laboral”, cuando se adquieren ciertas facultades:
Control, inhibición o modificación de los impulsos para utilizar los materiales en forma constructiva en lugar de hacerlo en forma destructiva.
Realizar planes preconcebidos tolerando mínimamente la falta de placer inmediato.
El logro no solamente de la transición desde el placer instintivo primario hacia el placer sublimado junto con una alta neutralización de la energía empleada, sino también del pasaje desde el principio del placer hacia el principio de realidad.
Las fases posteriores de esta línea de desarrollo dan lugar a una serie de actividades importantes para el desarrollo de la personalidad, tales como el ensueño, los hobbies y los juegos estructurados.
Los hobbies se encuentran a mitad de camino entre el juego y el trabajo y tienen características comunes con ambas actividades. Anna Freud describe los siguientes puntos comunes entre los hobbies y los juegos:
a)El hecho de realizarse buscando el placer y con un desprecio relativo frente a las presiones externas.
b)La utilización para estos fines de una combinación de energías instintivas no modificadas y en diferentes grados de neutralización.
Surgen por primera vez al comienzo de la latencia y persisten bajo una forma específica de actividad a lo largo de toda la vida.
Los juegos estructurados se originan en actividades grupales imaginativas del periodo edípico. Son juegos regidos por leyes inflexibles a las cuales cada participante debe someterse; por lo tanto sólo pueden participar los niños que hayan adquirido alguna adaptación a la realidad y alguna tolerancia a la frustración.
La eficiencia y el placer de los juegos configuran un logro complejo que depende de la contribución de varias áreas de la personalidad del niño, la aceptación del compañerismo y las actividades grupales.

D. W. Winnicott

La descripción que hace Winnicott de los objetos y fenómenos transicionales es sumamente interesante, por su intento de situar lo simbólico en una zona intermedia entre lo subjetivo y objetivo, estableciendo una relación entre el objeto transicional, el juego y la cultura.
“Hay un desarrollo que va de los fenómenos transicionales al juego, de éste al juego compartido y de él a las experiencias culturales”
A través del proceso de organización de la personalidad se llega a establecer una persona unitaria, lo que implica la existencia de un interior y un exterior y de una tercera zona que Winnicott describe como un espacio potencial entre el individuo y el ambiente.
El empleo de un objeto transicional por parte del bebé es la primera utilización de un símbolo y su primera experiencia de juego.
Este objeto es símbolo de la unión del bebé y la madre y se encuentra en el espacio y tiempo en que ambos se hallan en el inicio de su estado de separación.
Es evidente que el jugar emplica un fuerte compromiso corporal, pero no es una actividad orgánica; por eso las zonas erógenas implican una seria amenaza, ya que la emergencia instintiva perturba y detiene el juego. Para jugar es necesario un montón de ansiedad que no supere ciertos límites.
Winnicott describe cuatro fases en el desarrollo del juego:
1.Hay una fusión entre el niño y su objeto. El bebé tiene una visión subjetiva del objeto y la madre se esfuerza en otorgar realidad.
2.Hay una percepción más objetiva del objeto que depende de la existencia de una figura materna en condiciones de participar y devolver lo que se le propone. Esto permite al bebé vivir una experiencia de control mágico al que corrientemente denominamos omnipotencia. Se produciría una especie de “matrimonio”, al decir de Winnicott, de la omnipotencia establece un espacio potencial entre la madre y el hijo denominado “campo de juego”.
3.En la etapa siguiente el niño “encontrarse solo en presencia de alguien”
4.En el periodo que aparece a continuación, el niño permite la superposición de dos zonas de juego y obtiene placer de ello. La madre es la primera interlocutora lúdica que inicialmente adapta su actividad de juego al bebé, para más adelante incorporar su propio estilo de jugar.

Erik Erikson

Para Erikson el juego es una función del Yo que expresa un intento de sincronizar los procesos corporales y sociales en el sí mismo. Aunque no niega la posibilidad de una lectura simbólica del juego, enfatiza la posibilidad de una lectura simbólica del juego, enfatizar la necesidad yoica de dominar las diferentes áreas de la vida. El objetivo del juego consistirá en alucinar un dominio yoico, pero también practicarlo en una realidad intermedia entre la fantasía y el mundo real.
Parafraseando a Freud, Erikson considera el juego la vía regia para la compresión de los esfuerzos que el Yo del niño realiza con el objeto de logran una síntesis. En un comienzo consiste en la exploración por repetición de percepción sensual, sensaciones kinestésicas, vocalizaciones, etc. Más adelante, el niño juega con personas y objetos a los que tiene fácil acceso.
La microesfera es el pequeño mundo de juguetes manipulables por el niño. Este mundo tiene sus propias leyes y puede despertar la ansiedad del niño cuando éste proyecta sus traumas en los juguetes, desorganizando entonces su juego. Si el niño llega a atemorizarse y a desilusionarse en la microesfera, puede hacer una regresión a la autoesfera, el ensueño diurno, la succión del pulgar y la masturbación. Pero cuando el primer contacto con este mundo ha sido exitoso, el placer de dominar los juguetes se asocia con el dominio de los traumas y con el prestigio logrando a través del dominio.
La macroesfera es el mundo compartido con los otros.
Erikson considera el juego como un medio de revelar la forma en que el niño experimenta y estructura su mundo y funciona dentro de él: así mismo, le otorga valor como elemento de uso terapéutico.

Jean Piaget

Para Piaget, el juego se distingue del acto intelectual más por su finalidad que por su estructura. Afirma: “El acto intelectual persigue siempre una meta que se halla fuera de él; el juego, en cambio, tiene el fin en sí mismo”. Existen tres categorías principales de juego en la primera infancia: el juego de ejercicio; el juego simbólico y el juego reglado: pueden presentarse simultáneamente; durante la fase sensomotora aparecen los juegos como ejercicio. Los juegos simbólicos alcanzan el mayor desarrollo entre los 3 y los 6 años, mientras que los juegos reglados van ganando interés y alcanzan su punto culminante alrededor de los diez años.

Juegos de simple ejercicio.
Durante el primer mes es difícil hablar de juego, dado que el bebé está en un periodo de adaptaciones puramente reflejas.
Cuando hablamos del juego en sus comienzos, no nos referimos a adaptación sino a asimilación, es decir que ente la relajación del esfuerzo adaptativo se ejercita un esquema, una conducta por sí misma sin otro fin que el placer funcional ligado a la misma.
Más adelante, entre el segundo y cuarto mes, se puede hablar de juego, ya que el niño, una vez vencidas las dificultades de adaptación a una situación nueva, reproduce las conductas simplemente por placer. Ahora bien, esta nueva adquisición se convierte en lúdica cuando se repite una y otra vez sin interés en variarla o enriquecerla.
Los primeros juegos se refieren al propio cuerpo: mirarse las manos. Chuparse los dedos, jugar con la voz, etc.
Entre los cuatro y ocho meses, la actividad se dirige predominantemente a objetos del mundo exterior. Es habitual durante este periodo que el bebé se interese en mover juguetes que cuelgan de su cuna.
La intencionalidad en realidad se manifiesta entre los ocho y los doce meses, junto con la posibilidad de coordinar dos esquemas independientes.
De los doce a los dieciocho meses aparece la transición hacia los futuros juegos simbólicos. El niño repite jugando movimientos que realiza habitualmente pero sin conciencia de ficción.

Juegos simbólicos.
Se distinguen de los juegos como ejercicio en el hacer “como si”.
“El símbolo implico la representación de un objeto ausente. Se basa en el simple parecido entre el objeto presente, que es el significado”, por ejemplo, recostarse sobre una tela que representara la almohada, y se evoca una situación por placer (hacer que duerme).
Al principio, alrededor de los dos años, el niño se limita a hacer “como si” ejerciera una de sus acciones habituales, por ejemplo, hace como que duerme, como que se lava, etc. Si bien se trata de un simple ejercicio de conductas propias, ya es un ejercicio simbólico. Más adelante aplica esquemas simbólicos sobre objetos, hace dormir, comer o caminar ficticiamente a otros objetos. Si bien actos tales como dormir y lavarse no son juegos, en tanto se ejercen simbólicamente se convierten en forma inmediata en actividades lúdicas.
Posteriormente parecen los juegos de imitación de conductas llevadas a cabo por otros: el niño hace como si leyera el diario. Más tarde estos esquemas son proyectados: hace leer el diario al muñeco: más adelante no solamente imita conducta de otros, sino que se identifica totalmente con personajes u objetos: camina en cuatro patas y dice “miau”.
A partir de los tres años el juego simbólico se enriquece notablemente, ya que se impregna de imaginación. Se construyen y juegan escenas enteras y complejas que van desde la simple transposición de la vida real hasta la invención de seres imaginarios. Esta capacidad va a dar lugar a una serie de combinaciones lúdicas donde aparecen frecuentemente deseos reprimidos en la realidad y que se satisfacen plenamente en el juego. Piaget las llama combinaciones compensadoras.
Esta reproducción de las escenas fuera de su contexto le permiten al niño asimilarlas paulatinamente y en cierta medida superarlas. Un ejemplo clásico es el juego del doctor.
Según este autor el juego simbólico obra durante la primera infancia como catarsis.
En el periodo comprendido entre los cuatro y los siete años los juegos simbólicos comienzan a desaparecer. Las construcciones en el juego se hacen más ordenadas y coherentes, dando lugar a secuencias lúdicas más extensas.
Comienza también el simbolismo colectivo, es decir, con diferenciación y adecuación de los papeles; por ejemplo, el juego de la mamá y el papá.
Este proceso alcanza su máxima expresión en el periodo que se extiende de los ocho a los once años.

Juegos reglados.
Aparecen en el segundo estadio, de los cuatro años siete años, pero predominan en el tercer periodo, que se extiende de los siete a los once años.
Son juegos de combinaciones sensoriomotoras o intelectuales, con competencia de los individuos, y regulados por un código transmitido de generación en generación o por acuerdos improvisados.
Estos juegos, a diferencia de los anteriores, subsisten y se desarrollan durante toda la vida, dado que el juego de reglas es la actividad lúdica del ser socializado.
El niño va pasando poco a poco del ejercicio simple a combinaciones sin objetivo y luego a combinaciones con una finalidad, por ejemplo hacer una torre con cubos, donde el niño se asigna una tarea precisa, el juego de ejercicio se convierte en juego de construcción. De la construcción lúdica va evolucionando a través de transiciones insensibles hacia el trabajo.
Cuando el ejercicio se vuelve colectivo puede regularse y convertirse en juego de reglas, por ejemplo, el juego de las figuritas.
Con el crecimiento, la asimilación simbólica y ficticia se vuelve cada vez más inútil, ya que la vida le va ofreciendo al niño otros recursos reales para satisfacer estas necesidades.
Por otro lado, el simbolismo de varios puede engendrar la regla, y es así que los juegos de ficción se convierten en juegos reglados.
El juego simbólico se integra al juego sensoriomotor y se transforma en juego de construcción. Pero de la construcción adaptada al trabajo hay un corto camino, lo cual explica que la extinción de los juegos se haga en provecho de la construcción adaptada o de la creación y de la evolución de los juegos de reglas, que se mantienen por ser esencialmente sociales.

Ontogenia del juego

La mayoría de los autores coinciden en cuanto a la evolución del juego en las distintas edades a pesar de que parten de enfoques diferentes. Algunos señalan la importancia en esta evolución de las adquisiciones psicomotrices, adaptativas, lingüísticas y personal-sociales, mientras que otros, desde la teoría psicoanalítica, privilegian el desarrollo psicosexual.
Ambos enfoques ubican alrededor del cuarto mes el punto de partida de la actividad lúdica.
Hasta aproximadamente el sexto mes hacen su aparición los juegos funcionales, que se originan en una necesidad de actividad y ejercicio de funciones corporales. Al principio el niño juega con su cuerpo debido a que carece de posibilidades de acción sobre el mundo exterior. También juega con su voz, que en un comienzo permiten una descarga de tensión, se van modificando poco a poco hasta que el niño repite e imita los sonidos que él mismo ha producido. A través del laleo obtiene satisfacción tanto el emitir el sonido como el escucharlo.
El bebé juega con sus manos, las mira, las pasa lentamente delante de sus ojos; parece tratarlas como un objeto exterior. Luego, la actividad lúdica se centra en la prensión. Al transformarse la mano en herramienta. El juego de asir y más adelante soltar se configura como el esbozo de un juego de ejercitación de habilidades.
Los primeros intentos del juego de escondidas aparecen en cuarto mes. La mamá exhibe y oculta en forma alternada su rostro y el bebé. Desde una concepción psicoanalítica se pueden ver en este juego las primeras repeticiones que permiten superar la angustia provocada por la ausencia de la madre.
La adquisición de la posición sentada entre el sexto y octavo mes, con la nueva perspectiva que implica, le permite a la criatura incrementas su interés por los objetos próximos. Surge el placer de golpearlos violentamente contra la mesa. El sacudir el sonajero, es la época en que deja caer los objetos a la espera de que se los restituyan.
En el segundo semestre aparecen combinaciones de objetos. A los ocho o nueve mese empuja un objeto con otro, combina el continente y el contenido, introduciendo elementos dentro de otros. Recuerda también el lugar donde puso el juguete.
Del octavo mes hasta alrededor del año, aparece el juego del tomar y del dar que define en forma incipiente la figura de un interlocutor, pero solo para luego quitárselo.
En el curso del segundo semestre el niño es capaz también de encontrar su juguete favorito entre varios objetos.
Según Gutton, el juego propiamente dicho aparece en el segundo año al constituirse el juguete como una estructura que representa y simboliza tanto a la madre como al niño. Las actividades pre-lúdicas reemplazan las excitaciones provenientes de la madre; en cambio, las actividades lúdicas ponen en juego en totalidad la relación madre-hijo y posteriormente la relación con el otro.
El problema es decidir si pueden clasificarse dentro de las actividades pre-lúdicas numerosas conductas que ya han dejado atrás el periodo puramente funcional, por ejemplo, el juego del lactante con su mano, lalao, etc.
Lo que define mejor las actividades pre-lúdicas es que permiten por su caracterización libidinosa la función de actuar sobre la madre en forma directa y luego indirecta, hasta que se transforman verdaderamente en juegos sustitutivos.
Observamos como tipo dominante de juego, alrededor del año, el de arrojar objetos.
Wallon advierte en esta época los juegos con el espejo; el niño se sonríe, toca lame el espejo, golpea su imagen.
Entre los doce y los dieciocho meses, el deambulador goza de su capacidad de acción. Se desplaza activamente, corre, salta, arrastra objetos.
En el curso del segundo año se enriquece el aspecto intelectual del juego. Hace garabatos muy torpes, trazos verticales más o menos confusos que constituyen un trazado amorfo, sin ningún parecido con algo real. Posteriormente, el niño hace trazos horizontales y más tarde oblicuos.
Hasta el ano el niño trata a la muñeca o al animal de felpa como a un objeto cualquiera, pero luego, este juguete se transforma en un compañero, en un “otro Yo”. Frecuentemente, el infante se niega a ir a dormir sin muñeca o su oso. Según Koupernik, ésta es la etapa del juego animista, en la que se establecen verdaderas relaciones personales entre el niño y la muñeca.
En este período se dan elecciones muy significativas de juguetes: el tambor, el globo, la pelota. De igual modo, el niño siente placer en jugar con arena, agua y tierra, elementos que simbólicamente representan las heces y la orina.
Cerca de los dos años aparece un interés partículas por recipientes que el niño utiliza predominantemente para trasvasar líquidos o sólidos. Esta actividad lúdica se suele interpretar como un signo de que el niño espera la enseñanza del control esfinteriano porque desde el punto de vista de la maduración neurológica ya se encuentra preparado.
El contacto entre los niños se realiza en ocasiones de tener que defender sus pertenencias, para lo cual pegan, empujan, pellizcan y forcejean. En esta fase es habitual ver al niño deambulador sin un destino determinado (por ejemplo: sube al banco, recoge una piedra, cierra la puerta). Vemos que una caracterización de esta etapa es la rapidez con que el niño cambia de un juego a otro; otro rasgo común a esta edad es la gran atracción que ejercen sobre la criatura los objetos de movimiento.
Entre los dos y los tres años aproximadamente hay un aumento del interés en los varones por los autos, locomotoras y aviones, y en las niñas por las muñecas y animales. Les sirven para expresar tendencias masculinas y femeninas. Es importante en esta época que el niño posea un cajón o canasto donde pueda guardarlos.
Se interesa por los libros de cuentos; a mediados del segundo año simula leer el periódico. También se interesa por la televisión.
A los tres años no hay aún una noción estable de roles.
Con respecto a los juegos que involucran una actividad constructiva. A los tres años los combina preocupándose por mantener el equilibrio.
Entre los tres y los seis años los juegos sexuales son frecuentes. Los más habituales son el juego del papá y la mamá y el del doctor.
El niño mayor de cinco años realiza construcciones complejas y sofisticadas que utiliza asimismo en sus juegos dramáticos.
Vimos que a los tres años prácticamente se inician las actividades en cooperación, ahora, a los cuatro años, el niño ya posee un compañero favorito de su mismo sexo; posteriormente, a los cinco años, se crean lazos más fuertes de amistad y la rivalidad se convierte en un estímulo para las actividades.
A los cinco años los varones prefieren jugar con pistolas y escopetas. En cambio, las niñas eligen juegos más tranquilos: vestir a sus mulecas, preparar comidas. Pero también en algunos momentos juegan identificándose con figuras, tanto femeninas como masculinas.
Emergiendo de la fase motriz del dibujo, en el curso del tercer año se mezclan la voluntad gráfica del niño y su deseo de representar los objetos que imagina. Hace garabatos a los que asigna un significado. Según Luquet, ésta es la etapa de incapacidad sintética o de realismo fallido. Hay que esperar al estadio del realismo visual, alrededor de los ocho años.
A los tres años aparece el hombre-renacuajo o el monigote. Comprende un redondel central, al cual se agregan piernas y brazos. Puede contener detalles bajo la forma de puntos, dos para los ojos y a veces uno central para el ombligo. Hacia los cuatro o cinco años la figura humana posee tronco y cabeza; los miembros superiores se colocan a niveles variables del tronco. Hacia los seis años adquiere la distinción entre la derecha y la izquierda. En este momento los problemas de lateralización cobran una gran importancia. Finalmente, hacia los ocho años dibuja la figura humana de perfil; se trata de un perfil parcial se extiende al tronco y a los pies; la última etapa es la de la cabeza de perfil hacia la izquierda en la mayoría de los casos.
A partir de los seis años, adquieren importancia paulatina los aspectos intelectuales, y el trabajo importancia paulatina los aspectos intelectuales, y el trabajo escolar pasa a formar parte del juego. Jugar a la escuela y a la maestra constituye una de las actividades lúdicas predilectas.
Uno de los rasgos característicos en esta fase es la separación sexual de los niños en sus juegos, separación que continuará en la pubertad.
Según Anna Freud, en este momento de la vida del niño, la capacidad lúdica se transforma en capacidad laboral.
En esta etapa los juegos de proezas se convierten en juegos de competición, que preanuncian los deportes individuales.
Estos juegos representan la necesidad de enfrentar a los adultos y competir con ellos. Al principio el niño utiliza reglas arbitrarias, pero luego el juego se rige por reglas convencionales, caracterizándose por realizarse en forma grupal.
Gutton dice que todo juego, aun el representativo, es sostenido por una regla. Se pueden advertir leyes del dibujo infantil, leyes de los juegos de construcción y de los juegos de naipes. Hay reglas estáticas y reglas dinámicas; las primeras corresponden al ordenamiento de los juegos simbólicos; las segundas a los movimientos de los juegos de reglas.
Las primeras permiten el funcionamiento del juego en tanto tienen el rol de mediatizar el placer. El juego se manifiesta como la erotización secundaria de los procesos defensivos. El segundo tipo de reglas de las que habla Gutton, aseguran la entrada y salida de un juego, recortan el juego de aquello que lo rodea o marcan los límites de la actividad lúdica.
Finalmente, solo nos resta referirnos a la pubertad y adolescencia. En rasgos generales se puede decir que se asiste aquí al abandono paulatino pero progresivo de los juguetes y juegos de la infancia. Persisten ciertos juegos estructurados o reglados.
Anna Freud señala una serie de actividades importantes para el desarrollo de la personalidad, que se derivan de la línea del desarrollo corporal hacia el juguete y desde el juego hacia el trabajo. Entre estas actividades ubica no solamente a los juegos estructurados de los cuales acabamos de hablar, sino también el soñar despierto (fantasías diurnas) y las aficiones. Los deseos que antes eran satisfechos en el juego, ahora se elaboran en la imaginación en forma de fantasías.

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